domingo 10 de octubre de 2010

Crisis y violencia de género

Una profesora de Derecho constitucional, Mar Esquembre,  me enseñó que en España mueren anualmente más de medio centenar de mujeres a manos de sus parejas y que ello no ocupa ni una portada en los medios de comunicación. Me demostró que si esos asesinatos fueran resultado de la violencia terrorista,  del narcotráfico o las bandas organizadas, la solidaridad y la respuesta social serían bien diferentes. ¿Por qué la violencia de género no provoca el rechazo social o la misma respuesta ciudadana que otros crímenes?

El modelo tradicional de familia es  hermético, protegido y difundido como el único válido por el pensamiento dominante. Las alternativas de vida a este modelo  suelen ser criticadas y menospreciadas por la opinión general impuesta. Todo el mundo sabe lo "malo" que es ser soltero, homosexual o la "pena" que dan las viudas y aquellos que han perdido su pareja. En una sociedad donde el modelo dominante es la familia tradicional, fundamentada en la relación hombre- mujer, además, los problemas y conflictos que afectan a la pareja deben quedar en el ámbito privado, relegados a un asunto entre las partes, sin que puedan trascender.  Así se justifica, por tanto, el buen funcionamiento del modelo que se quiere imponer como único válido. Y el resto de alternativas, quedan en la marginalidad, fuera del sistema. 









La crisis ha afectado con importancia a las relaciones de la pareja (paro, desigualdad, discriminación). La consecuencia directa es que la mujer ha renunciado a sus expectativas personales y profesionales, quedando relegada al cuidado de la familia, ocupándose del ámbito doméstico y renunciando por tanto a su pleno desarrollo personal. En ese sentido, la crisis ha hecho retroceder los avances logrados en los derechos de la mujer  más de 40 años. La contracción social que ha supuesto la crisis del mercado, ha tenido una víctima por encima de todas las demás: la mujer. 

Es curioso ver como se alzan voces para proclamar la eliminación de  las políticas de igualdad. Es un rasgo más de la  ofensiva contra los derechos sociales. Ahora, es más necesario que nunca pensar en la igualdad real. No podemos perder de vista ese punto en el horizonte que tanto hemos tardado en encontrar. Es el momento para reclamar los derechos conseguidos y ejercerlos plenamente. No podemos permitirnos otro retroceso más. Hay que continuar combatiendo la violencia, en todos los planos, incluida también la violencia impune que ejerce el mercado sobre las mujeres, pero  también la que ejercen los hombres contra sus parejas. No es tolerable. 

6 comentarios:

  1. Para conseguir que el combate por los derechos de la Mujer tenga éxito, no podemos dejar aparte la necesidad de pensar las particulares relaciones de producción que caracterizan a este colectivo que abarca a más del 50% de la población mundial...

    La mujer ha sido, desde la puesta en marcha inicial del modo de producción capitalista, una pieza clave en la regeneración de la fuerza de trabajo. Además, produce una regeneración GRATUITA, una regeneración no remunerada en salario ni en especie. Es, por tanto, fundamental para la obtención capitalista de beneficios que esta regeneración SIGA SIENDO GRATUITA, so pena de reducir la tasa de plusvalía.

    Por otra parte, como colectivo que accede tardíamente al "mercado" de trabajo, es utilizado como fuerza de trabajo de reserva. Su entrada a las relaciones de explotación capitalista es utilizada por el sistema para aumentar la oferta y reducir las expectativas salariales. Así, el Capital utiliza la fuerza laboral femenina análogamente al uso que le da a la mano de obra inmigrante: creando artificialmente grupos "distintos" para amenazar y conseguir rebajas del precio de la fuerza de trabajo. Estas divisiones, desde el punto de vista del Capital, son falsedades: La fuerza de trabajo lo es independientemente de raza, sexo o país de origen. Pero desde los medios de comunicación se resaltan las diferencias de grupo con objeto de introducir DIVISIÓN en las Clases Trabajadoras, con lo que resulta más sencillo combatir las reivindicaciones laborales.

    Vemos pues, con la ayuda del análisis marxista, que los problemas de género son inherentes al modo de producción capitalista. Y que, aunque muerto el perro en este caso no se acabaría la rabia, desde luego ayudaría mucho.

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  2. ¿El sistema necesita crear desigualdades igual que necesita de la crisis, o de la guerra o de la injusticia para su propio mantenimiento?

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  3. Es una pregunta que merece una reflexión escrita por alguien que conoce y comprende bien, como quien pierde la venda de los ojos, que el sistema necesita de la injusticia para mantenerse y sostenerse. Te animas?

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  4. Gran comentario Rafa.

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  5. Lo más delicado de este tipo de planteamientos es la "personificación" que se hace del "sistema"...

    En primer lugar, debemos plantearnos una definición profunda de lo que significa la palabra "sistema" si queremos desentrañar sus necesidades, ya sean de injusticia, de desequilibrio o de un cortado mañanero.

    Quien esté interesado, ¿podría definir lo que significa "sistema" en esta línea de debate? Intentémoslo entre todos.

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